¿Dónde nos equivocamos con el Mindfulness?

El Mindfulness está muy de moda en estos días y con razón.  Estamos expuestos a una gran cantidad de información por medio de teléfonos, tabletas o computadoras, además de la que nos llega por televisión, por amigos, colegas y familia. Adicionalmente, el mundo parece estar alterado en muchos niveles: políticos, económicos, ambientales, medicinales… la lista es larga y, para colmo, estamos “programados” para estar atentos a daños potenciales y no para recibir y procesar una cantidad enorme de información sin el tiempo necesario para procesarla.

Por lo tanto, tiene sentido que haya un intento de mirar en la dirección contraria y muchos de nosotros estamos practicando Mindfulness, que parece llegar con una cantidad de beneficios potenciales.

Al mismo tiempo, en muchos casos el Mindfulness ha perdido algunos de sus componentes cruciales. Roman Krznaric, filósofo social inglés, escribió un artículo en la revista TIME en el que señala que “el movimiento Mindfulness secular, típicamente, ofrece un Mindfulness sin moral”.  Esto puede deberse a la preocupación de que el Mindfulness requiera adscribirse al budismo o a otra religión, ya que procede de las enseñanzas de Buda.  O también puede deberse a que hay personas que buscan una solución rápida a sus problemas emocionales, físicos o mentales.  Cualquiera sea la razón, hay programas de Mindfulness que integran principios éticos y espirituales, pero no siempre este es el caso.

Entonces ¿cómo podemos usar el Mindfulness como un complemento (en vez de un único método) para nutrir nuestro bienestar y nuestra madurez emocional?

Hacer una cosa a la vez.  El llamado “multi-tasking” no permite que le pongamos 100% de atención a alguna cosa, lo que conduce a que no incorporemos totalmente una experiencia. Piensa en esto, si “tienes” que comer apurado o si estás trabajando en otra cosa ¿te sientes satisfecho cuando has terminado tu plato?  A menudo la respuesta es que no, porque has perdido el gusto, el olor y la textura de la comida.  Y, adicionalmente, podrías no haber notado que un alimento en particular no va bien con tus gustos o cuando ya has comido suficiente (o no suficiente).

¿Cómo se traduce esto en crecimiento personal, de manera que beneficie a otros a nuestro alrededor?

Mientras más nos cuidamos a nosotros mismos, más capaces somos de cuidar a otras personas.

Podemos servir como un modelo de equilibrio, autodisciplina, paciencia y empatía. Cuando somos capaces de sentarnos con el huracán en la cabeza, sin luchar contra él, ni permitimos que nos envuelva, el polvo se asentara eventualmente. Es como esos globos de vidrio con un líquido transparente adentro y con lo que parece nieve, al sacudirlo la nieve flota, pero luego cae en el fondo.  Es un proceso que no podemos apresurar.

Practicar Mindfulness es como esculpir.  Con consciencia incrementada y no reactividad ante nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones físicas, podemos estar mejor capacitados para no soplar las llamas de algunos aspectos que hayamos identificado como contraproducentes.  Gradualmente, nos vamos haciendo más y más un nosotros más “reales”. Esto se puede comparar como cuando se nos duerme un pie y se nos empieza a despertar, un poco molesto, pero eventualmente se hace más funcional.

A medida que tienes la intención de estar en el momento presente con bondad, fortaleces tu habilidad de recuperar el equilibrio y de desarrollar resiliencia, que es algo que la vida nos pide una y otra vez.

El Mindfulness puede potenciar el proceso de la psicoterapia.  Algunos clientes se preguntan por qué dan vueltas y vueltas en círculo, en vez de generar un cambio significativo.  Claro que hay muchas razones posibles, pero una frecuente es tender a olvidar lo que sucedió en la última sesión de terapia o no haber hecho la tarea que recomendó el terapista.  Es como tomar una lección de piano y no practicar entre clases y luego sorprenderse de que no hemos progresado.

El Mindfulness puede ayudarnos a ver más claramente qué emociones surgen y empoderarnos para actuar intencionalmente, en vez de automáticamente.  La terapia puede enseñarnos comunicación, análisis de pensamientos o habilidades de autoayuda, pero el truco está en ponerlas en práctica, aunque no tengamos ganas.

Y, tal vez lo más importante, el Mindfulness nos puede empoderar para vivir de acuerdo con nuestras intenciones más preciadas y estar presentes para nuestra vida y para aquellos a nuestro alrededor. Como dice el muy conocido maestro del Mindfulness Jon Kabat-Zinn: “A donde quiera que vayas, allí estás”.  Esfuérzate en vivir la vida para la que quieres estar presente.

Considera las razones por las que quieres practicar Mindfulness.  Ciertamente, el manejo de dolor físico, recuperar la salud después de un trauma o enfermedad, controlar los impulsos, manejar la rabia y la reducción de la ansiedad, son metas loables.

Puedes ir más allá de ellas para conectarte más con otros.  Puedes considerar la posibilidad de unirte a una comunidad de personas que piensan como tu, que desean hacer del mundo un lugar mejor mediante el cultivo de la bondad, la humildad y el coraje, por ejemplo.  Abraza lo que significaba inicialmente el Mindfulness, un acto de servicio para el mundo y también para ti.

Autora: Psicóloga Rachel Fintzy, terapista de familia y de parejas.

Traducción: Gerardo Tálamo, PhD

Diciembre 2018

Gerardo Tálamo
Psicólogo, M.Ed., Ph.D.

Tutoría en Mindfulness, Coach Ejecutivo Certificado, C.C.L. Coaching Basado en Mindfulness

No Comments

Post a Comment