Tres ejercicios de Mindfulness que puedes probar con tus hijos

Si bien los efectos beneficiosos del mindfulness en los adultos son ampliamente conocidos ¿Cuál sería el efecto en los niños?

Algunos investigadores han encontrado que puede tener efectos positivos en los niños; en un estudio realizado en 2015 con niños de 10 y 11 años que participaron en un programa corto de meditación se encontró que tuvieron mejoría en control cognitivo, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva, así como también mejores resultados académicos en la escuela. En otra investigación se encontró una mejoría en las calificaciones en matemáticas en niños con Déficit de Atención e Hiperactividad y en Corea, en un curso de mindfulness de ocho semanas se observó una reducción en los niveles de agresión, ansiedad social y estrés. Entonces, no sorprende que un número de escuelas primarias en el Reino Unido haya iniciado el entrenamiento en mindfulness en el currículo.

Según los expertos, el mindfulness es un tipo de meditación en el que dirigimos la consciencia para que se centre en lo que se está sintiendo en el momento presente.  Esto puede incluir métodos de respiración, guiatura de imágenes y otras técnicas para ayudar a relajar el cuerpo y la mente y a reducir la respuesta al estrés.

Uz Afzal, docente en una escuela primaria en Inglaterra, escribió un libro sobre el tema titulado “Mindfulness para Niños” (“Mindfulness for Children” en inglés). A continuación, se presentan tres ejercicios sencillos que los padres pueden utilizar para ayudar a sus hijos a tener un mejor control sobre sus vidas, pensamientos y sentimientos.

1.     Respiración tipo globo: los niños pueden usar esta práctica en cualquier momento del día para calmarse y enfocarse en lo que están haciendo. Se le pide al niño que coloque sus manos sobre su abdomen y se les dice que se imaginen que tienen un globo pequeño allí y que cada vez que aspiran aire el globo se hace más grande y que cada vez que espiran el aire el globo se desinfla.  El niño debe sentir su abdomen levantarse y bajarse a medida que el globo se infla y se desinfla; cada vez que aspiran se pueden decir a sí mismos “inflar el globo” y cuando espiran pueden decir “desinflar el globo”.  Este ejercicio se debe hacer por 30 segundos y hasta por tres minutos, dependiendo de la edad y la atención del niño.

2.     Comer como un científico: la hora de las comidas se puede convertir en una carrera para los padres y los hijos para comer tan rápido como sea posible, hasta el punto de que muchas veces casi no se dan cuenta del proceso.  Este ejercicio es muy bueno para inducir un sentido de apreciación en tu hijo y también puede ayudarlo a hacer escogencias saludables en las comidas.  Escoge un alimento para compartir con tu hijo, que puede incluir frutas frescas o secas. “Ahora vamos a jugar a que somos científicos. Tomemos un momento para investigar cómo luce tu comida, de qué color es, qué forma tiene, ¿qué otra cosa puede señalar sobre cómo luce la comida?”.

“Ahora vamos a usar un microscopio imaginario y vamos a mirar muy de cerca para ver si encontramos patrones o líneas en la comida”.  Y de la misma manera podemos explorar la textura de los alimentos, sea observándolos o tocándolos.  “Ahora toma un trozo de ese alimento y acércalo a tu nariz y ve a qué huele”. “Y luego, pon un trocito de alimento en tu lengua y utilizas las papilas gustativas de científico para explorar aún más.  ¿Cómo se siente en tu boca? Nota la forma y la textura ¿A qué crees que sabe?”

En este punto pueden empezar a masticar lentamente el alimento, usando siempre sus habilidades de científicos para notar sabor, forma y textura y ver como se sienten mientras cambian dentro de la boca.  Afzal dice que debemos mantener al niño involucrado, explorando su plato hasta que termine toda su comida.

3.     La mirada agradecida: En esta práctica se ayuda al niño a darse cuenta de lo que pueden agradecer, donde sea que estén. Diles que se tomen un momento para estar tranquilos y centrarse en la respiración en su abdomen. Indícales que vean a su alrededor donde se encuentran, su habitación, en otra parte de la casa o en un paseo fuera.  Donde sea que estén ellos pueden ver a su alrededor con una mirada agradecida y pueden nombrar cada cosa que vean por las que están agradecidos.

Si están en su habitación, podrían notar su cama, sus libros, sus ropas, etc.  Si están en la cocina pueden notar los alimentos, las bebidas, las tazas y las cucharas. Pídeles que se den cuenta de cómo se sienten cuando practican la gratitud.

Afzal dice que cuando se practique el Mindfulness es conveniente recordar divertirse y mantener un ambiente ligero, la idea es que el niño aprenda a disfrutar de invertir tiempo lentamente y que no vean el mindfulness como otra cosa por la que preocuparse en su lista de tareas.

Hacer estos ejercicios juntos puede ser una experiencia de apego para padres e hijos y, por supuesto, las técnicas para calmarse también son buenas para los adultos, ayudándolos a mitigar el estrés cotidiano.

Artículo publicado en The Irish Examiner, enero 2019.

Traducción de Gerardo Tálamo, PhD

Gerardo Tálamo
Psicólogo, M.Ed., Ph.D.

Tutoría en Mindfulness, Coach Ejecutivo Certificado, C.C.L. Coaching Basado en Mindfulness

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