Nuestra tendencia a la negatividad

Esta tendencia humana a percibir lo negativo con más frecuencia que lo positivo, llamada “sesgo de negatividad” en Psicología, se considera que la venimos arrastrando desde nuestros ancestros, a quienes ayudaba a tomar decisiones acertadas en situaciones de alto riesgo. Esta inclinación contribuía a la supervivencia de la especie y la investigación ha mostrado que se puede observar en nuestros bebés ya a partir de los 7 meses. Todo pareciera indicar que nuestro cerebro está “programado” para ponerle más atención y con más frecuencia a lo negativo que a lo positivo.

En nuestra vida diaria tendemos a percibir lo negativo más rápidamente, con más frecuencia y con mayor intensidad que las experiencias positivas, aunque tengan la misma magnitud. Las experiencias traumáticas tienden a permanecer en nuestros pensamientos por más tiempo, mientras que las “cosas buenas” tienden a diluirse rápidamente. Un comentario negativo, una agresión o una crítica prolongan su permanencia y regresan con más facilidad que cualquier halago, por excelente que sea. Así mismo, las noticias negativas captan nuestra atención por más tiempo que las buenas noticias.

Cómo podemos contrarrestar nuestra tendencia a la negatividad.

Si bien no es posible erradicarla definitivamente de nuestra mente, sí podemos tratar de establecer un equilibrio fomentando nuestra interacción con los estímulos positivos. El Dr. Rick Hanson, psicólogo que ha contribuido extensamente a la superación de esta tendencia y a encontrar más felicidad en nuestra vida, propone estos tres pasos simples:

1.     Busca conscientemente los aspectos positivos de cada experiencia; nota lo bueno que hay en el mundo, poniendo atención a cualquier resistencia hacia esa búsqueda que observes en ti mismo. Date cuenta de cualquier intento que hagas automáticamente para negar o disminuir esos sentimientos positivos, pero no te centres en ellos. Practica esto unas seis veces al día y conviértelo en un hábito.

2.     Disfruta la experiencia, regálate a ti mismo unos 20 a 30 segundos de disfrute total de ese momento.  Esto permite que más neuronas se disparen juntas en respuesta al estímulo y esto consolida la experiencia en nuestra memoria.  Aunque estamos predispuestos a recolectar recuerdos negativos, podemos desarrollar recuerdos positivos más diversos y profundos y esto lo podemos cultivar al saborear las experiencias positivas. Si te dispones a encontrar algo positivo, lo encontrarás; puede ser, por ejemplo, mirar esa fotografía de una ocasión que disfrutaste en su momento.

3.     Y aquí es donde la práctica del Mindfulness puede sernos útil al hacernos conscientes de las diversas maneras como nos afectan las experiencias positivas. Identifica las emociones y sentimientos que forman parte de esas experiencias; observa como lo positivo se distribuye por tu cuerpo.  Las neuronas están activándose juntas cuando, conscientemente, interactuamos con nuestras experiencias positivas y así fortalecemos su presencia en nuestro cerebro.

Gerardo Tálamo, PhD

Noviembre 2018. 

Gerardo Tálamo
Psicólogo, M.Ed., Ph.D.

Tutoría en Mindfulness, Coach Ejecutivo Certificado, C.C.L. Coaching Basado en Mindfulness

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