Mindful Parenting: Ser padres con plena consciencia

Gerenciar nuestras propias emociones y conductas es crucial para enseñar a los hijos cómo gerenciar las suyas y a nosotros para evitar hacerles daño; con Mindfulness aprendemos a “responder” en vez de “reaccionar” y a “darnos cuenta” de lo que está sucediendo. Empezamos a dejar de operar en modo “piloto automático” con nuestros pensamientos, emociones y comportamientos. 


La percepción de señales que sentimos como amenazas, activa una parte del cerebro llamada amígdala, la cual es responsable de disparar la respuesta de estrés, así como del temor y del aprendizaje de temores. El objetivo de este proceso es protegernos, pero no solamente reaccionamos ante amenazas reales, a veces este proceso se dispara cuando un hijo derrama el vaso de leche sobre un documento importante que su papá había puesto sobre la mesa del desayuno.


Dependiendo de nuestras propias experiencias infantiles, la respuesta de estrés puede dispararse más fácilmente en algunas personas que en otras y, como padres, podemos explotar ante algunas situaciones de manera que, no solo no resolvemos el problema, sino que estamos afectando la salud mental de nuestros hijos. En esos momentos, realmente no estamos pensando, ni dándonos cuenta de la manera desproporcionada en la que estamos reaccionando. Esas reacciones nuestras, no solo asustan a los niños, sino que les estamos enseñando que esa “es” la manera como se comportan los adultos en situaciones de estrés. 


El Mindfulness nos enseña a poner atención a nuestros comportamientos, así como a estar plenamente conscientes de lo que estamos sintiendo y haciendo en cada momento, sin juzgar -ni a los otros, ni a nosotros mismos-.
El Mindful parenting aplica estas mismas recomendaciones y nos sugiere traer nuestra atención a lo que está sucediendo en vez de dejarnos llevar completamente por nuestras emociones y sentimientos. En otras palabras, evitamos reaccionar impulsiva y rápidamente y nos damos unos segundos para bajar la velocidad de la reacción. Respiramos profundo y ponemos atención a la situación; amablemente, tanto con nosotros mismos, como con quienes estamos. 


Con esto vamos a darnos cuenta de lo que estamos sintiendo -rabia, impotencia, frustración- y de lo que estamos a punto de hacer -gritar, insultar, castigar-. Por supuesto que es natural sentir esas emociones, pero la diferencia la hace el darnos cuenta de eso antes de actuar. 

Gerardo Tálamo
Psicólogo, M.Ed., Ph.D.

Tutoría en Mindfulness, Coach Ejecutivo Certificado, C.C.L. Coaching Basado en Mindfulness

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